ASESINADA EN BERLÍN LA ROSA ROJA

Raúl Antonio Capote

Rosa Luxenburgo ha muerto, aún se escucha el sonido del disparo que le quitó la vida. Rosa ha muerto otra vez, ha fenecido en silencio por comunista, por feminista, por estar en contra de la guerra, por demócrata, por defender a los desposeídos, por soñar un mundo más justo. Ha muerto la Rosa Roja, golpeada por la culata de un rifle, lanzada de un puente,  perseguida, alcanzada por el disparo de un soldado. Sus guantes fueron encontrados días después en el barro de la rivera.

Rosa ha muerto, la que nunca tuvo miedo a soñar. La que dijo que el comunismo era la libertad del que disiente, del que se atreve, dijo, que ser revolucionario es por encima de todas las cosas, ser capaz de dar amor.

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