Héroes de las alturas +(fotos)

Matthew era un amasijo de hierro retorcido, era silencio y estupor, ellos desenfundaron sus armas y desde que miraron de frente al caos comenzaron a vencer,

Por: Raúl Antonio Capote

Modestos, silenciosos, andan con la casa a cuestas, van de loma en loma, por lugares abruptos y solitarios, retan las alturas con sus cascos, winches, tornillos y cuerdas. Gavilanes de metal  que toman el cielo por asalto,  con paciencia unen travesaños, empatan, atornillan y alzan sus torres en el paisaje. Nada los detiene, ni el viento, ni la lluvia ni la nostalgia de la familia.

Torreros con sus overoles azules, se confunden  entre las nubes allá en los más alto, huracanes, tornados, tormentas de invierno, derriban la obra que con tanto trabajo elevaron, entonces la vuelven a alzar.

Baracoa, Imías, Maisí, San Antonio del Sur, les vieron llegar con sus herrajes y perderse en los montes cuesta arriba,  por los montes barridos por la furia de Matthew. La floresta quemada fue testigo del andar presuroso de los torreros entre la maraña de árboles, palmas y cocoteros entrelazados por la muerte, atravesaron ríos crecidos, senderos enlodados, donde el fango corre como lava volcánica y agarra las piernas y se prende a los tobillos y se pega a la planta de los pies, arranca las suelas de las botas y rasga ropas y piel.

Otros trazaron trillos en tierra pantanosa, bajo una lluvia que parece salir de todas partes, cuando menos la esperas, lluvia guerrillera que embosca los rostros cansados y no conoce tregua. Entre la tierra que se hunde a cada paso marcaron territorio de labor y comenzaron a levantar sus metales grises.

Matthew era un amasijo de hierro retorcido, era silencio y estupor, ellos desenfundaron sus armas y desde que miraron de frente al caos comenzaron a vencer, un mes después, erguidas las torres sección a sección, fue roto el silencio, el estupor fue sonrisa en los rostros y Matthew  mal recuerdo del que aprender y contar.

Toda va a quedar mejor que antes y la radio y la televisión no son la excepción, cuando la señal de televisión, la emisora de radio preferida llegue a nuestras casas, ellos guardarán en silencio sus herramientas y partirán a nuevos destinos. Anónimos y felices levantaran el vuelo los gavilanes de hierro para retar al viento y las alturas.

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Un tesoro a punto de desaparecer.

Ella deslumbrada, al contemplar tan singular creación, le imprimió la cadencia de su baile, la ternura de sus palabras y la dulzura de su ser.

Por: Raúl Antonio Capote

Los conquistadores españoles, sedientos de oro, llegaron a estas tierras, para obtenerlo asesinaron, torturaron, e hicieron trabajar hasta el agotamiento a los habitantes de la región. Algunos invasores creyeron, ante la belleza de los bosques, montañas y ríos y la generosidad de los lugareños, que habían descubierto el Edén, pero el poder del dios de metal amarillo fue más fuerte que cualquier confusión teologal.

A pesar de la resistencia de los taínos, nada les pudo salvar de la esclavitud y la muerte. Legaron sus genes a sus predecesores, en los que se nota a simple vista la herencia aborigen, legaron leyendas, palabras sueltas, ritos y costumbres y están presentes en el cubano de hoy, como lo está el africano, el chino y el europeo, pelearon durante años contra los invasores y prefirieron morir antes que se esclavos.

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Los españoles buscaban oro pero el verdadero tesoro estaba ante su vista, una joya adorna los montes de Baracoa y Maisí, las Polímitas, concentrado de colores nacidos de la savia de las plantas, de la tierra, de las piedras, del alma de los habitantes de la región.

Cuenta la leyenda que un cacique enamorado de una bella muchacha, para ganar su amor, quiso ofrecerle un regalo único y salió un día a conquistar los colores del sol, el verde de las montañas, el rojo de las flores, el blanco de la espuma del mar, pero al sorprenderle la oscuridad, no pudo conquistar el azul del cielo, contentándose con el negro de la noche.

Ella deslumbrada, al contemplar tan singular creación, le imprimió la cadencia de su baile, la ternura de sus palabras y la dulzura de su ser.

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Subimos con los torreros de Radio Cuba, esos héroes de la recuperación de las comunicaciones destruidas por Matthew, por senderos de encanto, la vegetación se recupera poco a poco, el verde renace entre la tierra quemada, en medio de condiciones muy duras trabajan los torreros, arman pieza a pieza, sección a sección las torres, para luego subirlas a decenas de metros de altura y colocarlas como en un rompecabezas, atornillarlas con paciencia, sin importar el sol o la lluvia, ahí está el torrero a punto de tocar el cielo, gracias a ellos las comunicaciones quedarán mucho mejor que antes y servicios nuevos beneficiaran a los habitantes de estas regiones de Guantánamo, salvadas del silencio por la sabiduría y entrega de los obreros de las comunicaciones.

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Pero el caracol más bello de la tierra, acaba de sufrir un duro golpe, Matthew dañó seriamente su hábitat. Han pasado casi 70 años desde que el destacado malacólogo M. Jaume en 1943, lanzara la primera llamada de aviso acerca del estado de amenaza de las polímitas cubanas. La pérdida o trasformación de su hábitat natural y sobrexplotación por colectas indiscriminadas ha colocado a las polímitas a punto de desaparecer. En Joa, El Paraíso, Yumurí, Mandinga, Guandao y Yara, casi no se ven ejemplares.

Una de nuestras joyas más preciadas está al borde de la extinción. ¿Quién salvará a las Polímitas?

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La triste historia de Enriqueta Faber

El 11 de agosto de 1819, Enriqueta se casó «como varón» con la criolla Juana de León en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.

Por: Raúl Antonio Capote 

Baracoa es una ciudad mágica, rodeada de ríos y montañas, de una vegetación de ensueño que se extiende hasta la misma orilla del mar, llena de historias y leyendas. Su gente es hospitalaria y sencilla, generosa y extrovertida, con gran orgullo de ser baracoesos.

La ciudad arrasada por Matthew se levanta de nuevo, sus calles recuperan la belleza habitual, su iglesia centenaria, antes sombreada por árboles frondosos, ahora muestra al sol su fachada y frente a la iglesia, como recuerdo permanente del carácter rebelde de nuestros ancestros, un Hatuey de mirada firme y mentón erguido, retador y vigilante.

Todas las mañanas el bulevar es un hervidero de gente, hombres y mujeres que van a sus trabajos, niños y niñas de uniforme escolar caminan presurosos, entre risas y juegos, el aire es transparente y dulce, ajeno a la contaminación de las ciudades mayores, huele a mar, a lluvia y a retoño de café, cacao y coco.

Estudiantes de medicina, pertenecientes a la filial de la facultad de medicina de Guantánamo, son presencia constante en la ciudad, muchachos y muchachas fácilmente identificables por sus batas blancas, recorren las calles a toda hora. ¿Cuántos estudiantes de medicina por habitantes tendrá esta pequeña urbe?

Por el noticiero de televisión vemos esta noche a un médico baracoeso que cumple misión en Haití, a todos se nos conmueve el alma con sus palabras, el corazón se arruga dentro y resbala un hilillo salado de los ojos, el perdió su casa por causa de Matthew, pero sabe que es importante estar donde está y confía porque conoce, nunca se deja abandonado a un cubano, deja en manos de sus compatriotas, en manos de la Revolución su casa sin techo, las paredes que el huracán derribó.

Hablamos durante la comida de los cientos de leyendas, de las miles de historias, de personajes reales o no, pero presentes en el acervo de la ciudad y hablamos de los médicos cubanos, de las misiones internacionalistas, entonces surge una figura legendaria, Enriqueta Faber, doctor en medicina que llegó a Baracoa a principios del siglo XIX.

Enriqueta nació en Lausana, Suiza, en el año 1791.  Empeñada en ganarse la vida por su propio esfuerzo, se vistió de hombre y marchó a París a estudiar cirugía, carrera como tantas otras vedadas a las mujeres de entonces, bajo el nombre de Enrique Faber se graduó de cirujano.

Luego de varios años de vida agitada en medio de las guerras napoleónicas y de trabajar incluso para la Emperatriz Josefina, Enriqueta Faber decide viajar a América, siempre vestida de hombre, que era la única forma de poder ejercer su profesión, el día 19 de enero de 1819 llega a la ciudad de Santiago de Cuba, a bordo del velero “La Helvetia” y finalmente decide establecerse en Baracoa.

Los éxitos del doctor francés despertaron la envidia de algunos médicos locales y la presión social ejercida sobre el joven tercamente soltero, afectaban seriamente la vida de Enriqueta. Fue acusada de malas prácticas, de titulación falsa, etc por lo que se dirigió a la Habana a defender su condición de médico, realizados los exámenes pertinentes y vencidas las pruebas e interrogatorios a que es sometida, regresa a Baracoa, nombrada fiscal del Tribunal del Protomedicato en Baracoa, con el fin de que velara por el buen ejercicio de la profesión en la Villa.

«Por cuanto en nuestra audiencia y juzgado Enrique Faber nos hizo relación de haber practicado la facultad de cirugía, con maestro examinado, el tiempo previsto por la ley, de que dio información bastante, con documentos auténticos, le examinamos en teoría y práctica, en dos tardes, y haciéndole varias y diferentes preguntas sobre el asunto, a que respondió bien y completamente. Lo aprobamos y mandamos a despachar este título y licenciamiento como cirujano romancista para que en todas las ciudades, villas y lugares pueda ejercer.» (La primera mujer médico de Cuba, Emilio Roig de Leuchsenring)

Pero las presiones continúan sobre el joven médico de “gesto afeminado y barbilampiño” por lo que decide casarse. El 11 de agosto de 1819, Enriqueta se casó «como varón» con la criolla Juana de León en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.

Ante una denuncia de la lavandera de la casa, Enriqueta fue presa en febrero de 1822 y se ordenó su reconocimiento por los facultativos, lo que ella trató de impedir confesando su verdadero sexo. En junio de ese año un tribunal de Santiago de Cuba dictó sentencia, condenándole a 10 años de prisión en la “Casa de Corrigendas” situada en La Habana, y posteriormente ser deportada a cualquier punto en el extranjero.

Apeló esta sentencia a la audiencia de Puerto Príncipe, escogiendo como defensor al licenciado Manuel Vidaurrea. De su brillante informe son estos párrafos:

“Enriqueta Faber no es una criminal. La sociedad es más culpable que ella, desde el momento en que ha negado a las mujeres los derechos civiles y políticos, convirtiéndolas en muebles para los placeres de los hombres. Mi patrocinada obró cuerdamente al vestirse con el traje masculino, no sólo porque las leyes no lo prohíben, sino porque pareciendo hombre podía estudiar, trabajar y tener libertad de acción, en todos los sentidos, para la ejecución de las buenas obras.

Qué criminal es ésta que ama y respeta a sus padres que sigue a su marido por entre los cañonazos de las grandes batallas, que cura a los heridos, recoge y educa a los negros desamparados y se casa nada más que para darle sosiego a una infeliz huérfana enferma?. Ella, aunque mujer no quería aspirar al triste y cómodo recurso de la prostitución…”

La audiencia le rebajó la condena de 10 a 4 años de servicio en el hospital de Paula de la Habana, vistiendo traje de mujer y que después saliera deportada del territorio español.

Por tratar de escaparse del hospital, se le envió a la casa de recogidas “San Juan Nepomuceno” y posteriormente por intervención del obispo de Espada, fue deportada a los Estados Unidos donde murió en la ciudad de Nueva Orleans en el año 1845.

 

#Baracoa: La leyenda del río Miel

Después de Matthew, cuando nos acercamos a Miel por primera vez, mostraba la altanera actitud del indio insumiso, el español no encontró oro en su cause…

Por: Raúl Antonio Capote

Al llegar a la ciudad de Baracoa, ya gratamente estimulados por la belleza del paisaje que nos acompaña durante todo el recorrido desde la ciudad de Guantánamo, nos recibe en todo su esplendor, Miel.

La furia del huracán no le pudo desdibujar la belleza, corre al mar con su donaire de bella y orgullosa baracoesa, no se cómo le nombraban los habitantes originarios del lugar, aquellos que un día tiñeron sus riveras con sangre rebelde mezclada con la del invasor, pero sus descendientes le llaman Miel. En sus aguas los taínos lavaron sus cuerpos, amaron, lucharon y murieron.

Después de Matthew, cuando nos acercamos a Miel por primera vez, mostraba la altanera actitud del indio insumiso, el español no encontró oro en su cause pero el sudor y las lágrimas le desbordaron y entregaron el matiz bravo que le alza cuando es azotado por el viento.

Cuenta la leyenda que una delicada joven, de piel bronceada, a la que todos llamaban por el color de sus ojos, Miel, un día bañándose en las riveras del río fue vista por un navegante que quedó hechizado con su belleza, surgió el amor entre ambos, pero la posibilidad de la partida del marino entristecía a la muchacha.

Miel, lloraba a la orilla del río y sus lágrimas nutrían las aguas que se volvían cada vez más dulces. El joven navegante que acostumbraba a bañarse cada mañana en el río, terminó casándose finalmente con Miel y abandonó su carrera de marino.
Desde entonces así se le llama este río y muchos aseguran que quien se baña en sus aguas, se casa en Baracoa quedándose en ella para siempre.

Poco a poco, gracias a  la naturaleza bendecida de esta zona, el verde regresa a sus riveras y las aguas mansas y dulces de Miel recobran el esplendor de siempre, muchos que vinieron a socorrer a la primera capital de Cuba, han cruzado sus aguas y se entregan con amor a la reconstrucción, no se si nos quedaremos en Baracoa para siempre, pero la bondad, la generosidad de los habitantes de la villa primada nos conquistó y nos acompañará donde quiera que estemos, la imagen de Miel, bella y sublime, será parte de nuestros recuerdos especiales y con seguridad volveremos una y otra vez a bañarnos en sus aguas.

Lo que el viento no se llevó de Baracoa

Un viejo campesino de Vertientes llora la muerte de un «Dormilón» sembrado por su abuelo, llora en silencio y trabaja la tierra, limpia el terreno para un fomento de cafetos, aquí crecerá todo de nuevo

Por: Raúl Antonio Capote

La primera vez que viajamos de Guantánamo a Baracoa, la carretera que conduce al vial de La Farola parecía un campo de batalla, la campiña estaba arrasada como si un gigante maligno se hubiera dedicado a torcer cada rama, arrancar cada penacho de palma, cada cocotero, cada cafeto, cada mata de cacao, a patear los techos de las casas y luego insatisfecha su ira, armado de un soplete se dedicara a quemar la tierra.

En el camino, cerca de la costa, paramos a salvar un cable de comunicaciones aplastado por el peso de los postes derribados por el viento. Un campesino con su yunta de bueyes nos prestó ayuda y logramos sacar el cable de entre los restos de cemento y acero que una vez le sostuvieron.

Subiendo La Farola, recogimos a un señor con pulover de ETECSA, le confundimos con un trabajador de esa empresa, resultó ser un campesino de la zona de regreso a su casa. Sebastian se presentó a si mismo con desenvoltura natural, asombrado contemplaba el cementerio de árboles en que se había convertido la zona, madre mía exclamaba a cada rato e identificaba las casas sin techo de amigos y parientes.

Sebastián se bajó en Altos de Cotilla, nos dio las gracias y nos invitó a detenernos un rato en su casa, hacernos un café y darnos unas malangas «menos mal que no fue mucho» dijo sonriente, la casa se inclinaba de costado sobre la pendiente, no aceptamos la oferta del guajiro, debíamos llegar lo más pronto posible a Baracoa.

Era un paisaje sepia el viaducto de la Farola, cubierto de ramas, peñascos y fango derramado, una hilera de vehículos intentaba pasar, de vez en cuando algunas piedras rodaban de lo alto a la carretera y había que esperar a que las motoniveladoras limpiaran el camino.

El viaje fue difícil y algo peligroso, pero el apuro por llegar nos hizo olvidar los obstáculos, de todas partes surgían rostros sorprendidos aún por la calamidad no calculada, pero se apreciaba ya la respuesta de muchos, junto a nosotros y antes que nosotros, miles de hombres y mujeres de todo el país corrían dejando detrás la familia, su vida cotidiana para acudir en ayuda de sus compatriotas.

Luego vinieron días de esos que hacen valedera la vida, que le otorgan sentido, la virtud colectiva, la bondad, el altruismo, perdonen que califique tanto, pero no encuentro como resumir, como reflejar con una frase literaria culta e inteligente tanta experiencia vivida, compartida en medio de un pueblo, ese donde primero amanece en Cuba, el tiempo de un pueblo convertido en tiempo de hornos, donde solo se podía ver luz.

Luego de dos semanas intensas volvimos a la Habana a reponer el equipaje, dedicarle un rato a la familia y regresar. Cuatro días después estábamos de nuevo en Baracoa. Para sorpresa nuestra, el paisaje ahora es diferente, el sepia ha sido sustituido por una rica paleta de colores, el verde prima, las palmas se empinan y los cocoteros se levantan del miedo momentáneo en que los sumió la ira del gigante.

De las quemaduras casi no queda nada pero sobreviven heridas que tardarán mucho en sanar, techos que nunca más cubrirán del sol y la lluvia, árboles centenarios perdidos para siempre.

Un viejo campesino de Vertientes llora la muerte de un «Dormilón» sembrado por su abuelo, llora en silencio y trabaja la tierra, limpia el terreno para un fomento de cafetos, aquí crecerá todo de nuevo, será mucho mejor que antes nos dice, mucho mejor que antes es la frase del momento y se escucha en todas partes.

El gigante se ensañó con esta tierra, sus vientos, sus rugidos, cruzaron el hocico del caimán sin lograr llevarse una vida humana consigo, a pesar de las ocho horas de furia homicida, del fuego y del viento, de la mar desatada, solo se llevó en el morral el polvo que levantó en los caminos, para luego soltarlo entre las olas del norte.

Matthew no pudo llevarse la bondad de esta gente, la hospitalidad, los deseos de vivir con plenitud y sacar adelante esta tierra, el espíritu de victoria, el honor del sacrificio, el orgullo de los habitantes.

Lo que más vale quedó intacto y reverdece, siempre reverdece entre las piedras duras y secas del litoral, en las lomas llenas de sol donde duerme por siempre una mujer, entre los ríos y su gente, aquí en este lugar de Cuba donde primero amanece.

Historias de Baracoa: La Maldición del Pelú

La leyenda continúa intacta en la memoria Popular, la imagen de la Villa arrasada por Matthew parecía darle la razón al Pelú. Un vecino del lugar me dijo con cierta sorna, Matthew es el Pelú que no nos deja levantarnos.

sunp0201Por: Raúl Antonio Capote

Cuenta la leyenda que por allá por el año 1893, llegó a la Capital del Cacao, un señor llamado Vicente Rodríguez, natural de la Coruña, España. Vicente era un rico comerciante radicado en Santiago de Cuba, en Baracoa fue tratado con gran respeto por su fortuna, buenas maneras y espíritu alegre.

Un buen día Vicente despareció, muchos creyeron que había regresado a Santiago de Cubam incluso se murmuro que a la Coruña. Pero en el año 1896 Vicente regresó, su aspecto era bien diferente, andaba  desaliñado, con el cabello revuelto y sucio, caminaba descalzo, la ropa en harapos,  era la viva imagen de la miseria.

Caminaba solitario por las noches y su aspecto estrafalario comenzó a causar miedo en los habitantes de la Villa. Comenzaron a tejerse fábulas tenebrosas sobre él que se robaba niños recién nacidos, que  acechaba a las mujeres en el río, etc. Varias veces fue apedreado por la gente, fue humillado, golpeado, hasta en un día el ayuntamiento decidió expulsarlo para siempre de la ciudad.

El Pelú de Baracoa, como era popularmente conocido, el día de su partida lanzó un anatema maldiciendo el lugar «En Baracoa nada se cumplirá, se harán buenos planes, se generarán muchas buenas ideas, pero todas se desmoronarán»

La leyenda continúa intacta en la memoria Popular, la imagen de la Villa arrasada por Matthew parecía darle la razón al Pelú. Un vecino del lugar me dijo con cierta sorna, mientras  observaba las ruinas de una antigua vivienda colonial, Matthew es el Pelú que no nos deja levantarnos,  es la maldición del Pelú.

Pero solo unos días después de pasado el huracán, Baracoa se levanta, se recupera y embellece, ninguna maldición puede con el espíritu de este pueblo, con su orgullo y sentido de pertenencia, la maldición ha sido derrotada muchas veces desde el año 1959 para acá.

La Capital del Cacao, del dulce de coco, del río Miel, del Yunque, de le gente hospitalaria y buena -ese precisamente, su gente generosa y educada, solidaria y trabajadora es el antítodo contra el anatema centenario-, se levanta con la seguridad de que vestirá pronto sus mejores galas y será aún mucho más hermosa de lo que siempre fue.

La leyenda del Pelú es solo una leyenda, el heroísmo, la solidaridad, la generosidad es historia real, viva, y forma parte del alma de este pueblo.

Baracoa: Hablemos de valores.

En estos días de Matthew se ha hecho derroche de integridad, rigurosidad, laboriosidad y modestia, se ha hecho gala de lealtad a la patria, de compromiso con el pueblo y sentido de pertenencia al sector.

Por: Raul Antonio Capote

El que no tenga el valor de sacrificarse, por lo menos debe tener el pudor de callarse frente a los que se sacrifican.

                                                                                                                                                    José Martí

Quien no tiene el valor de servir a los demás, muerde con ponzoña de víbora rastrera, busca el talón para hundir sus dientes. De esos hay algunos por esta zona, han llegado no ha colaborar, no a sumarse a la solidaridad de millones sino a medrar en la basura, buscan la purulencia del vendido, del flojo de alma, del egoísta, cazan cada punto oscuro, cada error humano y cuando no lo encuentran, porque es verdad es dificil, sencillamente lo inventan, sino no reciben los dineros de la infamia.

Pero Guantánamo es otra cosa, he conocido un pueblo como pocos, en Baracoa nos acogieron con hospitalidad, con cariño sin límites, igual en Imías o San Antonio Sur, o la Punta de Maisí, he conocido a trabajadores que afectados materialmente por el huracán, no faltan al trabajo y laboran 12 y 14 horas diarias para cumplir con su deber.

Nuestro lugar de descanso y reunión fue ubicado desde el primer día que llegamos, 6 de octubre, dos días después de Matthew, estabamos desde el 5 en Guantámamo pero las condiciones del vial de la Farola no nos permitía el paso a Baracoa,  en el Centro de Telecomunicaciones de ETECSA, aquí hemos compartido el suelo para dormir, la comida magra, el agua,  todo, 210 hombres y mujeres junto a los que normalmente aquí laboran, día y noche, sin un acto de indisciplina, sin una queja, el lugar es pequeño, no construido para estos avatares, es incomodo para todos, pero prima el compañerismo y se comparte todo desde el pomo de agua hasta los cigarros o la comida, no se ha perdido un solo objeto personal y si algo fuera de la orientado ha ocurrido, es que muchos entregan su agua y su merienda, estrictamente contada y repartida en cuotas severas, a la población.

La Presidenta de ETECSA Mayra Arevich y su asesor Eduardo Fernández, la Directora de ETECSA en Guantánamo Reyna Labañino, los directivos de las diferentes instancias de ETECSA, Radio Cuba, los JCCE, etc comparten las mismas condiciones que sus trabajadores, no hay trato especial, ni condiciones distintas.

Se trabaja con alta moral, bajo la lluvia, muchas veces en la oscuridad, aquí ha primado la eficiencia y la inventiva oportuna, la innovación que ha permitido solucionar con rapidez problemas técnicos de dificil solución.

No hemos tenido televisión, no se trabaja para las cámaras o para la gloria personal, nadie piensa en eso, se trabaja para servir, para cumplir con el deber, deber que se encara con cariño, cuando alguien flaquea, porque es humano, los demás le ayudan de inmediato.

El personal del Centro de ETECSA es especial, siempre dispuestos, siempre atentos, sin distinción de rangos o cargos, hacen lo que se tenga que hacer. Su labor no se detiene, lo mismo sirven la comida, que improvisan  una ducha para el baño,  que preparan café, que lavan la ropa.

Pocas veces en la vida he vivido la experiencia de compartir espacios donde la hospitalidad sea tanta, el baracoeso  y la baracoesa actúan así con toda la naturalidad de los hombres y mujeres de estas tierras orientales y los trabajadores de las comunicaciones del lugar no son la excepción.

Pudieramos pensar que estos valores son propios de esta región y que no es de extrañar que asi se comporten, pero sucede que los 210 trabajadores que aquí se encuentran vienen de todas las provincias del país, aquí hay pinareños, habaneros, matanceros, avileños, camagueyanos, santiagueros, etc.

En la página institucional del ministerio se puede leer cuales son los valores que deben acompañar a un trabajador de las comunicaciones, integridad, rigurosidad, laboriosidad y modestia.

En estos días de Matthew se ha hecho derroche de integridad, rigurosidad, laboriosidad y modestia, se ha hecho gala de  lealtad  a la patria, de compromiso con el pueblo y sentido de pertenencia al sector.

Decía José Martí «Cuando hay muchos hombres sin decoro hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres» La maldad y la bajeza moral de algunos pocos sin decoro, no pueden empañar el decoro de muchos hombres.

De los hombres y mujeres que aquí trabajan con denuedo podemos decir «En esos hombres va un pueblo entero, va la dignidad humana».

Las Cinco Mentiras de Baracoa…

Temprano salgo a caminar por la bella ciudad del oriente de Cuba que poco a poco va retomando su ritmo habitual. En la acera frente al Centro de Telecomunicaciones un grupo de personas se conecta al WIFI

Por: Raúl Antonio Capote

Baracoa es una ciudad llena de leyendas y su entorno atesora peculiares atractivos naturales. Cuentan los habitantes de la primera villa fundada en Cuba  que  la ciudad tiene cinco  mentiras,  el Yunque que no es de hierro, al río Miel que no es dulce,  la Bella Durmiente que no es mujer,  las Tetas de Santa Teresa que son senos y  La Farola que no alumbra.

Temprano salgo a caminar por la bella ciudad del oriente de Cuba que poco a poco va retomando su ritmo habitual. En la acera frente al Centro de Telecomunicaciones un grupo de personas se conecta al WIFI, conversan, cuentan anécdotas de la noche del ciclón, el «animal» como ha sido bautizado.

Imponente se empina cerca la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, imponente no por su tamaño sino por su historia, sobrecoge estar cerca de los muros  de la primera Iglesia parroquial de la isla de Cuba.  La primera iglesia fue construida de guano y paja, en ella oficiaron los cuatro primeros Frailes que acompañaron a Velázquez a Cuba cuando este dio inicio a la conquista, entre ellos figuraba Fray Bartolomé de las Casas. La iglesia sufrió un terremoto, sobrevivió  a huracanes y ataques de piratas, meteoros y otros eventos, en esta ocasión apenas fue afectada por Matthew.

Entro al Correo que ya funciona, ahí están sus empleadas prestando servicio y un decimista popular me regala unas hermosas rimas sobre Fidel.

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Cerca del Correo siento una algarabía, son un grupo de jóvenes de la Brigada Estudiantil de Trabajo organizada por la FEU, la mayoría son estudiantes de medicina de la Universidad de Ciencias Médicas de Guantánamo y vienen a ayudar al pueblo de Baracoa en lo que sea, con ellos se reune Alexis Leyva Machado, Kacho, diputado a a la Asamblea Nacional del Poder Popular y destacado pintor cubano. Todos comparten la convicción de que el momento es de estar junto a su hermanos de Baracoa, Imías, San Antonio Sur y la Punta de Maisí, van a llevar arte  y cariño a los lugares más necesitados de calor humano.

Comparto un rato con Kacho y los estudiantes, gente del pueblo se nos une, se crea un mitín improvisado, el presidente de la FEU dice a nombre de sus condiscípulos que no se irán de las zonas afectadas hasta que la recuperación avance. Se improvisan canciones, salta la crítica a lo mal hecho, destella el arte del pintor en pequeñas catulinas que regala a los estudiantes.

Del Centro de Telecomunicaciones  sale una de las brigadas de Radio Cuba a cumplir su tarea, les espera una larga jornada rompiendo monte, desbrozando el camino para llegar a una de las torres y reparar los equipos. Uno de los muchachos de ETECSA habla por el celular con su mamá en La Habana, le dice que está muy bien que lo hospedaron en un hotel con todas las comodidades, que no se preocupe que es como un cinco estrellas, me hace una seña con el ojo, es una mentirita blanca.

Cinco mentiras tiene Baracoa que ya muchos lugares del mundo quisieran tener, un río llamado Miel, cristalino, que da la bienvenida al recien llegado, una montaña que parece  una hermosa baracoesa dormida entre cocoteros, palmas y plantas de cacao, la visión de dos lomas como senos de mujer, un yunque de piedra, es verdad, pero firme como el carácter de sus habitantes, declarado Monumento Nacional en 1980 y La Farola, una de las siete maravillas de la ingienería cubana.

Aves Carroñeras vuelan sobre Maisí

Mientras muchos hacen patria ellos acumulan migajas pútridas en sus conciencias, si es que les queda alguna entre el verde de los US Dólar.

Por: Raúl Antonio Capote
Como carroñeras buscan en la basura algo que les de para lucrar y alimentar las páginas a sueldo del enemigo de todos los cubanos, incluso de ellos, pero el esclavo asumiido no tiene verguenza, ni le importa, siempre que el amo le deje lamer las botas, a eso le llaman libertad, a que les permitan lamer donde quieran, en la suela o el tacón o en la punta con la que la dan por, ya saben ustedes.
 
En medio del sacrificio de muchos, del heroísmo a mares que crece aquí en la Punta de Maisí,  donde hombres y mujeres del todo el país comparten el plato de comida, el trabajo arduo, los sueños y se levanta lo roto por la furia desatada de Matthew, se duerme en la tierra, en el suelo, tras la pared arrancada de un golpe de viento, en el socavón de las rocas, en el suelo de un centro de trabajo, 12, 14, 15 horas o todo el día se labora, y la gente se crece se empina y detella con luz de patria.
Se instala un gabinete moderno de comunicaciones en un día, (lo normal son 5 pata montarlo y 15 para instalarlos), la telefonía celular se restablece y funciona normal en Baracoa y Maisí, , en la Punta de Maisí se cambiaron en una mañana todos los teléfonos TFA por nuevos,  se pusieron estaciones públicas celulares y fijas sin costo las llamadas, los linieros de la Empresa Eléctrica ponen cientos de postes, transformadores, cables, decenas de carros cinterna cargados de agua cruzan las peligrosas montañas, aún no son suficientes pero llegan mientras se labora para arreglar el acueducto, se reparte comida, se rebajan  los precios de los alimentos, de los materiales de construcción, hay médicos dando consulta, hay ministros sobre el terreno, brigadas de la FEU, de la AHS, la Martha Machado acuden a llevar alegría a niños y adultos.
En medio de eso se delizan furtivas las aves carroñeras.
Mientras muchos hacen patria ellos acumulan migajas pútridas en sus conciencias, si es que les queda alguna entre el verde de los US Dólar.
 
Aunque se escuden tras conceptos y principios que desconocen, o se tapen bajo un manto que les queda grande, es imposible, la podredumbre les descubre, cómo se puede caminar entre tanto esfuerzo colectivo, entre sus propios compatriotas y mentir desaforadamente, mentir y volver mentir sin recato alguno.
 
Es cierto la situación es dificil, faltan muchas cosas, el desastre causado por Matthew ha sido tremendo, faltó agua, faltó comida, pero sobraron las banderas al viento y la confianza en que la ayuda llegaría, a pesar de la abrupta de la geografía, a pesar de los deslaves, de las piedras enormes tapiando el camino, de los rios, de lomas como la Boruga, nunca faltó la confianza en la Revolución, y las cosas fueron llegando, al día siguiente, y estaban allí los 10 ministros y nuestro Presidente desde antes del paso del huracán y estaban allí los linieros, los comunicadores, los médicos.
 
Cuando llegamos a la Punta de Maisí el cielo era blanco, rojo y azul y se entonaba el himno de Bayamo y se compartía el café. La gente sabe que es Cuba no ocurrirá lo de Nueva Orleans, aquí no habrá un Katrina de miles abandonados a su suerte, de muerte,  de hambre, de ciudad abandonada,  de 1,800 muertos asesinados por la negligencia.
 
No, y eso lo saben las aves carroñeras por eso buscan en la basura, entre los restos putrefactos, en las heridas purulentas de la desgracia y aún pretenden llamarse periodistas. (al que le sirva la falda, ya sabe)

Amanece en Baracoa: Aquí no se rinde nadie…

En la Punta de Maisí desde bien temprano la Brigada de Ciego de Àvila de ETECSA continuán la labor, son aguerridos los avileños.

Por: Raúl Antonio Capote
Amanece en Baracoa
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Amanece en Baracoa, las brigadas de ETECSA y Rafio Cuba parten con el sol a los sitios de trabajo, hay revuelo de cables, bromas, y anécdotas de las tareas de ayer.
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La ´Máquina, Maisí
Los hombres de Radio Cuba se mueven por sus medios van a los sitios intrincados a restableces la TV y la Radio, cargan en hombro durante kilometros los trasmisores, para llegar a Mayaguara caminaron 3,24 km con el trasmisor a la espalda, montan sus campamentos a pie de obra, llevan su propia comida, sus recursos, carbón para cocinar, etc
Hoy se incorporó la brigada de las Tunas, con ellos llega un joven 55 Aniversario de los CDR, traen fuerte el espíritu y los deseos de luchar junto a sus compatriotas para restablecer las comunicaciones.
En la Punta de Maisí desde bien temprano la Brigada de Ciego de Àvila de ETECSA continuán la labor, son aguerridos los avileños, se han ganado la admiración de todos por su entrega al trabajo.
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Entrega de TFA en la Punta de Maisí
La Presidenta de ETECSA Mayra Arevich lleva dos dias durmiendo en La Máquina, Maisí, salen temprano para la Punta, dice que no regresa a Baracoa a pesar de las dificiles condiciones que tienen para el descanso necesario, hasta que no entreguen todos los telefonos TFA al pueblo de la Punta y no tenga seguridad de que funcionen bien, le acompaña Reyna Labañino de ETECSA en Guantánamo, Eduardo el  asesor de la Presidenta y el chofer Omar un clásico hacelotodo cubano.
La Presidenta de ETECSA está aquí desde el 6 de Octubre, compartiendo en igualdad de condiciones con los trabajadores de su Empresa, aquí no hay diferencias, se duerme donde se puede, lo mismo en el suelo, que sobre una colchoneta, se come lo que se puede, cuando alguien pone cara de circunstancias los demás le recuerdan que el pueblo al que servimos está peor y espera por nosotros, el ejemplo de Mayra y Reyna sin dudas mueve a todos al combate diario y olvidan la familia lejana, las incomodidades y carencias. Auí no se rinde nadie.
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Vecinos de la Punta de Maisí nos recibieron en su casa
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