Ante todo: somos cubanos

volveríamos sin dudas a unirnos y responder, como en el siglo XIX lo hacíamos al preguntársenos como pretendíamos expulsar al Ejército español con tan pocos hombres y armas: “Es Verdad, pero nosotros somos cubanos

Por: Bertha Mojena

“Ay Cuba, pedazo de uno /que adonde vayas vas dentro/ que no te quepa la duda/ nunca te abandonaremos.” Así resuena un fragmento de una canción del cantautor cubano Raúl Torres que semanas atrás se convertiría en himno y estímulo de todo un pueblo. Vuelvo a ella, y sin pretenderlo, me parece entonada por muchos en el mundo que en los últimos días han vuelto a levantar, a sentar banderas con esta madre hermosa y única que es Cuba.

Hablo no solo de los cubanos que desde varias regiones del planeta la aman y la defienden siempre, sino también de los amigos, los hermanos que se unen a nuestras causas más nobles, y a unas horas de las votaciones en Naciones Unidas del informe contra el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto a la isla hace mas de 50 años, se elevan como una sola voz por la verdad y por la justicia.

Hace apenas nueve días concluyeron los encuentros regionales de cubanos residentes en América Latina y el Caribe y en Europa, y como colofón, hace menos de 72 horas cientos de cubanos residentes en Estados Unidos volvieron a reunirse también, para compartir criterios, preocupaciones, defender intereses, sentar pautas en la lucha por una Cuba mejor, de todos y para todos, más soberana y sin bloqueo ni imposiciones externas.

Para los que habitualmente desandamos las redes y estuvimos pendientes de cada detalle de estos encuentros, especialmente de este último durante el fin de semana, vimos a los hijos de esta tierra, de varias generaciones, hablar de Martí, escuchar atentamente al doctor Eusebio Leal y emocionarse con sus palabras, alegrarse porque en La Habana esté ya la réplica de la estatua ecuestre del Maestro y que pueda ser inaugurada con todos los honores el próximo 28 de enero.

Pero también se habló de lo que los emigrados cubanos han representado para nuestra historia Patria, para las luchas independentistas y el desarrollo económico y social del país, para nuestras familias y para otras batallas que durante el proceso revolucionario hemos tenido que librar en muchos terrenos.

Se les actualizó sobre los pasos que se han dado en el Congreso norteamericano para impedir un retroceso en las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos, a pesar de la evidente preocupación por los desatinos del presidente Trump y quienes le rodearon en el deplorable discurso del pasado 16 de junio en Miami y posteriormente, en Naciones Unidas. La reducción drástica del personal diplomático cubano en el país norteño y las correspondientes afectaciones a los residentes cubanos allá centró también la atención de los asistentes al encuentro.

Como saldo, una Declaración Final en la que se comprometen, bajo la guía del pensamiento de Martí, a informar en sus comunidades —en más de 20 Estados— los temas tratados en el encuentro, en particular el peligro en el retroceso en las relaciones bilaterales y promover a nivel local los pronunciamientos a favor de lo que hasta ahora se había avanzado, rechazar los pronunciamientos de Trump y de quienes lo rodean, quienes no representan el sentir de la mayoría de los cubanoamericanos y de los estadounidenses, así como rechazar la disminución del personal diplomático cubano en Estados Unidos.

Los que asistieron a este IV Encuentro de Cubanos Residentes en Estados Unidos acordaron volver a reunirse en octubre del próximo año para evaluar estos temas y continuar incrementando las acciones de denuncia contra el bloqueo. Al cierre, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, les agradeció en nombre del pueblo y el gobierno cubano, anunció importantes medidas y una mayor apertura en la política migratoria cubana, lo cual ha tenido sin dudas una gran acogida y gran repercusión durante las últimas horas, pues beneficia en gran medida a la gran comunidad de emigrados cubanos alrededor de todo el mundo.

Cada uno de estos encuentros regionales tiene sin dudas, sus peculiaridades. En las propias redes sociales se han compartido cientos de fotos de actividades oficiales, talleres, ferias, debates, galas culturales y celebraciones de fechas históricas que también han tenido lugar como parte de ellos y a propósito de las Jornadas por la Cultura Cubana, el aniversario de la muerte de Camilo Cienfuegos y la proximidad de las votaciones contra el bloqueo. Etiquetas como #CubanosSiempre y #JuntosXCuba han servido para unificar voces y compartir criterios de una geografía a otra por un fin común.

De lo que sí no cabe dudas, es que cada uno de estos eventos ratifican la voluntad histórica del gobierno cubano de reforzar el vinculo de Cuba con sus emigrados, esa relación nación-emigración presente desde hace siglos, desmintiendo la forma absoluta en que se ha querido politizar a la emigración cubana, desmarcarla de sus raíces y de sus contextos, anteponiéndola al desarrollo económico-social del país, al modelo escogido y construido por los propios cubanos.

La mayor parte de los cubanos que radican hoy fuera de Cuba se preocupan y mantienen una actitud positiva hacia su país, hacia su gente, no creen ni refuerzan ningún tipo de antagonismo, todo lo contrario, les interesa contribuir al desarrollo de la isla y se oponen rotundamente a ese otro sector que durante años se han prestado a un juego sucio para desacreditar y afectar los intereses de nuestro archipiélago.

Al igual que estos encuentros, las nuevas medidas anunciadas y las que vendrán seguramente más adelante amplían ese canal de comunicación existente en interés de todos los que, donde quiera que estén, si la aman y la enaltecen, seguirán siendo parte de esta, nuestra Cuba, esa Patria que ya en 1899 Francis H Nichols, en un artículo titulado Cuban Character, y retomado por el intelectual cubano Raúl Capote en su libro Enemigo, la define como la adoración y el fanatismo de los cubanos, esencia de la luz y la bondad, lo que todo buen cubano debe adorar.

Los cubanos de hoy, como los de entonces, a quienes el propio Nichols calificara de “dementes lúcidos”, ante cada nuevo obstáculo o intento de imposición contra la Patria —sin importar donde estemos—, volveríamos sin dudas a unirnos y responder, como en el siglo XIX lo hacíamos al preguntársenos como pretendíamos expulsar al Ejército español con tan pocos hombres y armas: “Es Verdad, pero nosotros somos cubanos”.

Tomado de: CubaAhora

Cuba, prendida del alma

El culto ha de ser perpetuo y si al final del largo camino se tambalea o vacila la convicción, sobre lo alto de un reducto los manes de tantas víctimas inmoladas levantarán sobre el paisaje incomparable de Cuba, nuestra bandera.

Por: Eusebio Leal

Dedicado a la Dra. Graziella Pogolotti

La educación cívica es la piedra fundamental sobre la cual ha de edificarse el sentimiento nacional si bien este es para nosotros lo que definió el Apóstol José Martí en palabras inolvidables como “Patria es humanidad”. Estuvo presente como firme declaración de principios en el manifiesto de Carlos Manuel de Céspedes leído ante los alzados el 10 de octubre de 1868 en su ingenio Damajagua: “Cuba aspira a ser una nación grande y civilizada, para tender un brazo amigo y un corazón fraternal a todos los demás pueblos.”

Hemos sido testigos excepcionales de cómo esta apasionante exhortación se ha cumplido dondequiera que un maestro cubano enseñe sentimientos y letras; en cualquier latitud del mundo en que un médico nuestro salve una vida en peligro o ayude a dar a luz un niño lo cual ha de ser siempre un acontecimiento esperanzador; dondequiera que un soldado de la patria haya contribuido a consolidar una independencia sin reclamar a cambio ni un grano de arena.

Recuerdo cómo aprendimos a cantar el himno en los actos escolares, cómo observábamos con candorosa devoción el paso de la bandera de la estrella solitaria para ser colocada junto al busto de Martí y el orgullo de recibir como premio a la aplicación, a la puntualidad y la consagración a los deberes, el más bello de todos los diplomas: el beso de la Patria.

No muy tarde comprendimos que el país era un territorio singularmente bello con árboles y criaturas diferentes a las que existían en otros parajes. Las islas del archipiélago que habitamos las fuimos reconociendo en las lecciones de Geografía, y en las de Historia nos fue poseyendo la noción de Patria al escuchar los apasionados versos de José María Heredia, quien como le sucedió a José Martí “…acaso despertó en mi alma, como en la de los cubanos todos, la pasión inextinguible por la libertad…”. Y de la Literatura se nos prendió en el alma  ese doloroso sentimiento de Gertrudis Gómez de Avellaneda al partir de su tierra natal:

¡Hermosa Cuba! tu brillante cielo,
la noche cubre con su opaco velo
como cubre el dolor mi triste frente(…)
¡Adiós, patria feliz!, ¡Edén querido!
Doquier que el hado en su furor me impela
tu dulce nombre halagará mi oído(…)

La nación fue el anhelo de nuestros antepasados cuando éramos un apéndice colonial de España y soñaban febriles legisladores criollos con una República fundada sobre los cimientos de un estado de derecho que José Martí concibió “con todos y para el bien de todos”. Y ese concepto de totalidad no es mecánicamente abarcador, más bien percibe su esencia como un concentrado de valores de los que se alcanza, a lo largo de la vida, conciencia plena.

En medio de una nebulosa de aspiraciones, de reveses y fracasadas expectativas se elaboraron los planes para que los cubanos encontraran su propio camino en el seno de identidades disímiles, quiere decir, insertarnos en la América unida desde la diversidad, tal y como la idearon los precursores.

Al crear el himno nacional para los que debían transformarse de conspiradores en libertadores, Pedro Figueredo tomó los acordes de La Marsellesa e introdujo en sus magníficos registros los destellos de la melodía que en días de inolvidable gloria se convertiría en el Himno Nacional de Cuba. Al escucharlo el ejército mambí detenía los ímpetus de la marcha y ganaban inspiración para la carga temeraria frente a un adversario tenaz y valeroso.

De ese debate nacería la legitimidad de nuestro ser nacional. Sólo a las Fuerzas Armadas les estuvo y está permitido saludar al himno con la cabeza cubierta porque en sus distintivos y atributos está bordado el Escudo de Armas de la República.

Al interpretarse La Bayamesa nos ponemos de pie. Se interrumpe el paso en cualquier circunstancia cuando sus acordes colman el espacio y adquiere la mayor dimensión en el instante de saludar al alba o al poniente del sol, el acto de izar o arriar la bandera.

He aquí los valores. Esta es la piedra fundamental a la que me refería. Sobre arena movediza lo que construyamos se derrumbará. El culto ha de ser perpetuo y si al final del largo camino se tambalea o vacila la convicción, sobre lo alto de un reducto los manes de tantas víctimas inmoladas levantarán sobre el paisaje incomparable de Cuba, nuestra bandera.

Eusebio Leal Spengler
Historiador de la Ciudad de La Habana

Tomado de: Cubadebate

 

 

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